SELECCIÓN Y PUESTA A PUNTO DE LAS CAÑAS DE CLARINETE

Desde hace dos semanas (ayer empezamos la tercera) estoy participando en una función de Zarzuela que me encanta.

Tener esta oportunidad me permite poder poner en práctica recursos para seleccionar cañas, tocarlas poco a poco e irlas preparando para las diferentes funciones.

Hace un tiempo, en un pequeño post dedicado a las cañas, escribía lo siguiente:

El protagonismo de la caña es tal, que de ella dependen parámetros sonoros tan importantes como el timbre, el rango dinámico, la calidad de la articulación, la flexibilidad sonora y la precisión de la afinación. […] Aún así, es sabido que los cambios de temperatura, humedad, altitud, etc. influyen en el comportamiento de la lengüeta y que constantemente debemos adaptarnos a ella a la hora de tocar el instrumento. Por ello, es importante conocer a fondo la caña, su estructura interna, sus materiales y cómo podemos ajustarla y modificarla para optimizar lo máximo posible su rendimiento.

¿Qué busco en una caña?

La primera palabra que me viene a la mente es facilidad. Que su resistencia se adapte a mi manera de tocar, que me permita ser flexible, tanto respecto a la interválica, la afinación, cambios de registro, como a la obtención de colores y dinámicas.

Pero sabemos que ninguna caña tiene todas estas propiedades desde el principio, y que la experiencia nos va dando esa intuición para saber si una caña, después de acostumbrarla a la presión de nuestra embocadura, a la vibración y a la humedad, va a tener todas esas características.

¿Cómo selecciono cañas?

Depende del contexto.

Para mi hay dos contextos generales principales: cuando tengo actuaciones por delante y cuando no tengo actuaciones por delante.

Cuando tengo actuaciones por delante, selecciono entre 10 y 12 cañas (a veces más) que creo que desde el principio pueden irme bien, o por lo menos tengo esa intuición. No me interesa perder tiempo: necesito empezar el proceso de acostumbrarlas a mi embocadura, a la vibración, a la humedad…

Cuando NO tengo actuaciones por delante, me permito coger una cantidad de cañas más pequeña (unas 6 o 7, o incluso menos) y dedico tiempo a probarlas despacio, arreglarlas (uso la lija y el cristal y en algunas ocasiones, menos, el cuchillo o cutter). Prácticamente no las selecciono, sino que todas pasan por el mismo proceso, porque, al no tener actuaciones cerca, puedo disfrutar del tiempo para investigar, probar, darles tiempo y espacio y explorar maneras de hacerlas «tocables».

Por cierto, las suelo probar tanto en seco como sumergidas brevemente en agua, para una primera criba.

¿Cómo «acostumbro» a las cañas a la tensión, la vibración y a la humedad?

Ya tengo la criba hecha y ya no estoy «probando cañas», sino viendo cómo convierto esa caña que «promete» en una caña con la que pueda tocar.

En un principio, sumerjo las cañas en agua. Puede ser tanto unos segundos como algunos minutos (en ningún caso en seco ni dejarlas media hora en agua). Cada vez que las humedezco compruebo que la punta, mirándola de frente, no esté ondulada, sino muy recta y plana. Si es así, adelante; si está ondulada, la coloco sobre el cristal y la ayudo a aplanar con el dedo, suavemente, sin apretar demasiado. Si estoy fuera de casa y no tengo cristal, lo puedo hacer en la boquilla.

Toco brevemente con cada una de ellas y voy ordenándolas, según su dureza (aunque todas me parezcan bien, siempre hay diferencias). Es decir, empieza la rotación de cañas, por minutos.

Las primeras impresiones las hago con notas largas, en el registro grave.

En los días siguientes, voy repitiendo el proceso del agua y voy aumentando progresivamente el tiempo que toco con cada una de ellas.

Estos son los parámetros que voy comprobando:

  • la respuesta – con ejercicios sencillos de emisión
  • la flexibilidad – con intervalos libres, doceavas, Time for Tone de Eva Wasserman-Margolis…
  • el registro grave – Time for Tone, Il clarinetto, arte e tecnica de Alessandro Carbonare
  • el registro de paso – ídem
  • el registro agudo – ídem
  • la articulación – sobre una nota, con ritmos, Clarinet Fundamentals, Vol. 1 de Reiner Wehle
  • la afinación – cuartas y quintas, sobre todo.

A poco que vaya añadiendo cada uno de estos puntos cada día, están en proceso de adaptación por lo menos una semana.

Si tengo ensayos, parte de este proceso de adaptación puede ser unos minutos del propio ensayo.

¿Qué quiero conseguir?

  • Que el poro se cierre poco a poco, para no ensordecer la resonancia.
  • Que la caña esté humedecida de manera homogénea y esa humedad se mantenga mientras toco.

Si os habéis fijado, mientras una caña es «demasiado nueva» hay que mojarla con regularidad mientras tocamos, mientras que una caña «acostumbrada» mantiene la humedad durante más tiempo y por ello es más estable en su comportamiento.

Esto lo podemos ver quitándola de la boquilla y observando la parte trasera: hay una parte (normalmente longitudinal) mojada completamente y la otra seca.

¿Cómo y cuándo empiezo a retocarlas?

Poco o mucho, todas las cañas necesitan algún retoque.

El primero que me planteo, es lijar y alisar la parte posterior, es decir, la que está en contacto con la boquilla. Alisar esta parte de la caña da limpieza al sonido y rebaja su dureza. Por eso hay que saber qué queremos. Si necesitamos sólo limpieza, el lijado es muy suave y corto. Si queremos rebajar su dureza, el lijado será igualmente suave (¡evitamos que llegue a la punta!) pero más prolongado.

Antes de empezar a trabajar con «el valle» de la caña, toco con ella lo suficiente para saber si es necesario o no (nunca el primer día).

Ahí me son muy útiles dos cosas: saber qué quiero probar (el listado anterior) y saber qué hacer para mejorar eso que quiero conseguir.

Respuesta – normalmente, lijando y alisando la parte de atrás, la caña gana el facilidad y flexibilidad. Podría lijarla de la punta un poco en dirección ascendente, pero antes reviso su comportamiento en los diferentes registros. La punta, si es posible, más vale no tocarla, porque es muy delicada y frágil.

Flexibilidad – La flexibilidad se va ganando a medida que la caña se acostumbra a la vibración, a la presión de nuestra embocadura y a la humedad.

Registros – Si la caña es muy dura en el registro grave, lijo la parte de abajo con trazos inclinados, de adentro hacia afuera. Si la dureza es general, lijo «el valle» en general, evitando la punta. Si la dureza es en el registro agudo, normalmente hay dificultad de emisión (respuesta) y lijo la punta en dirección ascendente, muy poco, porque es una zona muy delicada. Si el registro agudo no tuviera a penas resistencia, significa que la punta es muy fina, y/o que los xilemas no llegan hasta arriba, y eso ya tiene peor solución (yo optaría por cortar un poco con el cortacañas y lijar la punta de nuevo un poco).

Articulación – la articulación dice mucho de la flexibilidad y la resistencia (no dureza) de la caña, ya que tiene que vérselas con la fuerza de la lengua. Normalmente ahí puedo comprobar también si la caña es equilibrada (simétrica en resistencia) o si hay un lado más duro o blando que el otro. Eso lo compruebo inclinando el clarinete hacia los lados alternativamente, o rotándolo sobre su eje.

Afinación – tiene mucho que ver con lo flexible que sea la caña, pero al final depende totalmente de la flexibilidad y el oído que vayamos desarrollando.

¿Cómo influye el contexto en la caña que voy a utilizar?

Una época en la que aprendí mucho sobre las cañas y el contexto fue hace años, cuando tenía bastantes conciertos con dos ensembles muy distintos, el Trio Da Ponte (dos clarinetes y fagot) y el Trío Schönbrunn (viola, clarinete y piano).

Con Juncal Diago y Miguel Melitón
Con Dagmara Szydlo y Maurcio Garza

A parte del repertorio («tutto opera Mozart» con el Trío Da Ponte y Mozart, Bruch, Reinecke, Schumann, Clarke… con el Trío Schönbrunn), el contexto de la voz del clarinete fue clave para descubrir algo importante para mi:

  • con el Trío Da Ponte, estaba tocando, literalmente, TODO EL RATO, sin pausa. La caña tiene una gran demanda y el peligro de que la caña «se venga abajo» (es decir, se vaya comportando de manera más y más fácil , perdiendo resistencia) es mayor. Por eso en ocasiones tenía una caña preparada para la primera parte del concierto y otra para la segunda parte.
  • Con el Trío Schönbrunn, las intervenciones del clarinete eran más alternadas con el resto de instrumentos, y la caña que «no aguantaba» con el Trío Da Ponte, se comportaba muy bien durante todo el concierto con esta formación.

¿Qué solución encontré?

Como he dicho, con el Trío Da Ponte tenía preparada más de una caña para el concierto, o escogía una caña que me ofreciera más resistencia.

Con el Trío Schönbrunn podía dejarme llevar un poco más y con la misma caña podía afrontar todo el concierto.

A veces pienso que, si hubiera sabido lo que sé ahora, no hubiera «sufrido» tanto en algunos conciertos, pero a la vez pienso que tuve mucha suerte de poder hacer este aprendizaje por mi misma, ya que ahora tengo una perspectiva más amplia para mi y para mis alumnos.

Cabe decir que el repertorio y la naturaleza del ensemble donde tocamos repercute directamente en la manera en la que tenemos que estudiar y en el contenido del estudio, ¡pero eso ya da para otro post!

Como decía en un video de YouTube sobre las cañas, que grabé para mis alumnos, creo que es interesante ir un poco más allá de «la caña buena» y «la caña mala», y más bien pensar: ¿qué me permite hacer esta caña que otra no me permite hacer?

De este modo podemos enfocarnos en lo que somos capaces de hacer y en lo que podemos mejorar, centrándonos en nuestras capacidades y potencialidades, y «quitándole», por decirlo así, ese estigma a la caña como algo que puede hacernos tener un buen o un mal día. ¡Está en nuestras manos!

Gracias por leer,

Cecília

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