Hace unos años, en parte por necesidad, en parte por querer dar un giro a mi vida, me di de alta como autónoma.
Ser músico autónomo no es algo que se vea mucho, o de lo que se hable mucho, sobre todo si el grueso del trabajo que se desempeña es en la enseñanza, y quizá menos en el mundo de la música «clásica» (es simplemente mi percepción).
Estos casi 7 años como autónoma me han enseñado muchas cosas, tanto de la sociedad en la que vivimos como de mi misma, principalmente (y por suerte).
La sensación de libertad, trabajar sin imposiciones externas, conciliar con una cierta flexibilidad, sobre todo cuando los hijos se van haciendo mayores, más maduros y más autónomos :-)), son algunas de las ventajas.
El tener que hacer cuentas, aprender sobre impuestos y obligaciones fiscales, plantear estrategias para llegar a más público, idear nuevas maneras de enseñar (en grupo, online…), seguir aprendiendo y formándote, a la vez que trabajas cuando tienes trabajo y trabajas cuando lo creas… sería la parte menos amable, aparentemente… esto también tiene su faceta creativa y, como es natural, te hace crecer.
Por motivos que no vienen al caso, hace unos días me descargué mi «vida laboral». Supongo que todos sabéis que es ese documento donde la Tesorería General de la Seguridad Social va registrando altas, bajas, paros, cobros de prestaciones, etc. y así concretar el tiempo que llevamos cotizado.
Mi «vida laboral» es variopinta y me ha hecho reflexionar.
He podido echar la vista atrás y acordarme de mis dos primeras alumnas de clarinete «ever» en el «Estudi de Música» de Tarragona, que tuve entre 2002 y 2003, mientras simultaneaba los estudios del Graduat Superior en Estudis Alemanys en la Universidad, y mis viajes a Madrid.
También he recordado «mi primer conservatorio», en Segovia, entre 2003 y 2004, y me he dado cuenta de lo afortunada que soy de poder tener todavía contacto con Laura, Lidia y María José -aunque sea sobre todo por RRSS-, que por aquel entonces tenían las edades de mis hijos ahora. También conservo a mis amigas Concha y Diana de ese curso tan especial, y también a Víctor, mi compañero de clarinete, que tengo la suerte de que ahora está en Madrid.
También pasé por la EMM de Ciempozuelos, la orquesta del Teatro La Latina, Conservatorios de Ávila (mi amiga Mayte, Juncal, Miguel), Salamanca, Ferraz, Teresa Berganza (Celia), Alcalá de Henares (Daniela, Carlos, Gloria, Paula…), Moreno Torroba (Jorge, Laura, Almudena…), Amaniel, Musicaeduca, Progresión Armónica (¡tantos años! Marga, Gabriel, Luis…), CSMA, donde me pilló el confinamiento… y algunos otros sitios donde trabajé apenas unos días…
Y todos estos sitios quedan reflejados en este documento «oficial», y cuando lo miras puedes pensar en tus logros y en la experiencia que te han permitido adquirir. Y me doy cuenta de la suerte de haber podido trabajar siempre «de lo mío».
¿Y qué hay a partir de 2018?
«AUTÓNOMO. Alta 1.10.2018, Baja —«
Así que no se refleja mi paso por Afinarte, ni por la Escuela Coral de Madrid o por la Orquesta de Rivas, porque, simplemente, ya no hay contrato. Si necesitara justificar mi paso por estos sitios, ¿qué documento me ampara? Sí, claro, las facturas, los extractos bancarios… pero todo ello ya no está explícito en mi «vida laboral».
Ésto, que ciertamente es una nimiedad, junto con la casi obligación de tener un gestor, junto con la tributación trimestral, junto a las dificultades para acceder a la prestación por desempleo… me parecen cosas que refuerzan las diferencias entre trabajadores por cuenta ajena y por cuenta propia. Ahí están.
Estoy contenta con mi elección.
Hay momentos más altos y más bajos, claro… pero eso es la vida.
A todo esto, ¡mi idea del éxito ha cambiado tanto con los años!
Ganar una plaza, tener un «subtítulo» 😉 , ascender… Se han convertido con el tiempo en saber quién soy, ser y ayudar a crecer a mis hijos, alumnos… y eso es una tarea para toda la vida…
También para la «vida laboral» 😉










¡Gracias por leer!
Cecilia


