UN POCO DE HISTORIA DEL CLARINETE

Después de una pausa en el blog, debida a un periodo prolongado de estudio, me dispongo a seguir con mi actividad divulgadora en torno al clarinete.

Esta vez le toca a la historia del instrumento, de la que he hablado solamente en ocasiones de manera puntual, hasta llegar al siglo XX, del que hablaré en otra ocasión.

Además de la información escrita, os enlazo a páginas, vídeos y autores que ya han tratado este tema de manera excelente. En un próximo post os detallaré la bibliografía utilizada (en español, inglés y alemán) con un pequeño comentario sobre cada libro.

 

CHALUMEAU

Sobre los orígenes del clarinete, como tantos otros instrumentos de viento-madera, se puede afirmar que procede de la tradición popular: un tubo de caña o madera con distinto número de agujeros y un corte longitudinal en un extremo, a modo de lengüeta. La denominación de uno de estos instrumentos nos relaciona directamente con el antecesor del clarinete: “caramillo”, o “calamellus” en latín, que significa “caña”, “chalumeau” en francés.

El término “chalumeau” (también scialumó o salmoé en Italia, shalamó en Inglaterra o schalamaux en Alemania) se usaba durante la Edad Media y el Renacimiento para designar a diferentes instrumentos populares de caña simple.

Se atribuye el perfeccionamiento del chalumeau a Johann Christoph Denner (1655-1707), quien a finales del siglo XVII modificaría la parte superior de una flauta de pico, añadiéndole una lengüeta, obteniendo un instrumento con propiedades sonoras distintas, al que denominó chalumeau; por lo general con 7 agujeros, se añadieron 2 llaves, una frontal y otra posterior.

Este chalumeau se construyó en distintas medidas y afinaciones para tratar de ampliar su corta tesitura, al modo de los consorts renacentistas.

La utilización del chalumeau fue breve debido a la evolución del clarinete  a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Compositores que escribieron para él fueron Christoph Graupner (Suites para tres chalumeaux, entre otras), G. Ph. Telemann (Concierto para 2 chalumeaux), A. Vivaldi (Concerto con molti istromenti) o J. Ch. Fasch (Conciertos para chalumeau solista), así como los compositores en torno a la Viena del siglo XVIII que lo incluyeron, sobre todo, en sus óperas.

En este último vídeo podemos ver a Carles Riera al chalumeau. Carles Riera falleció en 2009, dejando un legado enorme e importantísimo de dedicación al clarinete, al clarinete histórico, a la pedagogía y a la divulgación.

 

CLARINETE BARROCO

El clarinete fue inventado por Johann Christoph Denner (1655-1707), según documenta Doppelmayr en Historische Nachricht von den Nürnbergischen Mathematicis und Künstlern en 1730 (“Noticias históricas de los matemáticos y artistas de Nuremberg”), y la primera prueba de su existencia es una factura de 1710 de Jacob Denner (1685-1731), hijo de Johann Christoph, al Duque de Gronsfeld, donde constan “2 clarinetti” entre otros instrumentos.

J. Ch. Denner parte del chalumeau para inventar el clarinete: alarga y ensancha el instrumento, resitúa la llave posterior (que será la llave de cambio de registro), separa la boquilla y el barrilete, de una sola pieza, del cuerpo, y aumenta el tamaño de la campana. Este clarinete barroco, afinado en Do o en Re, no sustituyó al chalumeau sino que convivió con él.

Si os fijáis, mientras que el chalumeau tiene un timbre dulce y un sonido “grave” en comparación con su tamaño, el clarinete barroco, que explota el registro agudo, tiene una sonoridad incisiva que le llevó a ser utilizado, en sus inicios, como si fuera una trompeta, con una escritura menos cantabile que su antecesor y con una función más rítmica y de refuerzo de la armonía.

 

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Junto al clarinete de Jacob Denner (ca. 1715) en el Germanisches Nationalmuseum en Nürnberg

Los primeros clarinetes tenían 2 o 3 llaves, cerradas en su posición de reposo: en la parte superior, una llave frontal (nota La) y una posterior (llave de cambio de registro); una tercera llave, no siempre presente, estaría situada en el cuerpo inferior y sería accionada al principio con el pulgar derecho, ampliando la tesitura 1/2 tono por debajo, consiguiendo, al añadirle la llave de cambio de registro, la nota Si3, ausente en el chalumeau o el clarinete de 2 llaves. Más adelante esta tercera llave se accionaría con el meñique izquierdo y permanecería en la subsiguiente evolución del instrumento.

El clarinete barroco, que presentaba problemas de sonoridad y afinación, sobre todo en el registro grave, y cuenta entre su repertorio con obras de Vivaldi, Telemann, Haendel o Molter. Aquí abajo tenéis un par de ejemplos:

Este último vídeo fue grabado en directo en el tercer concierto de profesores de la Semana Cultural 2018 del Conservatorio Profesional de Alcalá de Henares, donde he tenido la suerte de trabajar este último curso. Aprovecho para hacer una mención de mis compañeros, Paco Sanz y Víctor Olmo, con quien ha sido un placer ir más allá de la actividad que cada uno desarrollamos en nuestro aula, para trabajar conjuntamente música de cámara.

 

CLARINETE CLÁSICO

Las dos siguientes llaves, que conducirían al “clarinete clásico“, fueron introducidas en diferente orden según cada constructor. Por un lado, la llave lateral Fa#2/Do#4 se accionaba con el meñique izquierdo; por otro, la llave Sol#2/Re#4 se accionaba con el meñique derecho. Quizá esta última se añadiera antes, pues se conservan instrumentos, entre ellos corni di bassetto, con esta llave y a la vez un orificio doble para el meñique derecho Fa#2/Do#4.

Para variar de afinación del instrumento (Do, Sib o La), se intercambiaban los cuerpos superior e inferior, los cuales se llamaban “corps de rechange“. Aquí abajo podéis ver una presentación con fotos que tomé en el Germanisches Nationalmuseum de Nürnberg, donde se pueden ver clarinetes y corni di bassetto de este periodo, así como un clarinete de amor.

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El clarinete de amor, generalmente afinado en Sol y construido entre los años 1760-1810, tiene como característica principal la campana en forma de pera (“Liebesfuss”, pie de amor), tomada del oboe de amor. Esta forma globular actúa como amortiguador del sonido, relacionándolo con otros instrumentos construidos con esta idea de sonoridad dulcificada, como el ya mencionado oboe o la viola d’amore.

Un verdadero paso adelante en la evolución del clarinete y su repertorio fue sin duda el trabajo de los compositores, padre e hijo, Johann (arriba su concierto para clarinete, el más temprano que se conserva para un clarinete en Sib) y Carl Stamitz en la orquesta de la corte de Mannheim y en París, respectivamente, y la colaboración en Viena del clarinetista Anton Stadler con W. A. Mozart.

De esta colaboración surge un “nuevo instrumento” el clarinete di bassetto, que existe afinado en La y en Sib. Para el clarinete di bassetto en La tenemos tanto el Concierto KV622 como el Quinteto KV581 y para el clarinete di bassetto en sib, hasta donde yo sé, la parte para clarinete obligado “Parto, parto, ma tu ben mio“, de la ópera “La clemenza di Tito” KV621.

La segunda mitad del siglo XVIII es la época de invención (sobre 1770 en el taller de los hermanos Mayrhofer en Passau) y florecimiento del corno di bassetto. Los Divertimenti para tres corni di bassetto son muy conocidos, pero la sonoridad de este instrumento en el Requiem KV626 o la Música para un funeral masónico (Maurerische Trauermusik KV477), es de una belleza indescriptible. ¡Y qué decir de la “serenata de las serenatas”, la Gran Partita KV361!

De esta tradición de las “Serenate” y “Divertimenti“, escuchad lo que nos cuenta Carles Riera en el siguiente vídeo. ¡Yo no sabría explicarlo mejor!

Otro autor, ya entrando al siglo XIX, que se ocupó del corno di bassetto fue Johann Georg Heinrich Backofen (1768-1830). Aquí podéis ver unas imágenes de su “Anweisung zur Klarinette nebst einer kurzen Abhandlung über das Bassett-Horn” (Instrucciones para el clarinete junto con una corta disertación sobre el corno di bassetto), reedición de la publicación de 1803 en Leipzig.

 

SIGLO XIX

Entrando al siglo XIX, el clarinete es un instrumento que está todavía lejos de estar estandarizado, ni en su diseño ni en su número de llaves. Es difícil, pues, hablar de un “clarinete romántico”, ya que son muchos los constructores de clarinetes locales, entre los cuales hay poca posibilidad de comunicación. Pero un ejemplo de cómo sería lo podéis ver en este interesante vídeo:

 

Para describir el clarinete durante la primera mitad del siglo XIX, os voy a hablar desde tres puntos de vista:

  • El Conservatorio de París (hasta Klosé)
  • La figura de Iwan Müller
  • Las colaboraciones entre clarinetistas, compositores y constructores.

 

CONSERVATORIO DE PARÍS

Las distintas figuras que van ocupando los puestos de profesor de clarinete en el Conservatorio de París, fundado en 1795 (y arraigado a una tradición institucional desde el siglo XVII) dotan de algún modo, por la situación socio-política de un país centralizado como Francia, de una cierta homogeneidad a la evolución del clarinete. Y además, es el caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de una escuela francesa de clarinete.

Fréderic Blasius (1758-1829) publica en 1796 su “Nouvelle methode de clarinette et raisonnement des instruments” dedicándolo a sus alumnos del Conservatorio.

Jean Xavier Lefèvre (1763-1828) fue profesor del Conservatorio de París durante los año sde la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas. Desarrolló un importante método de clarinete (1802), oficial en el Conservatorio de París, donde indica que fue él mismo quien incorporó una sexta llave, accionada con el meñique izquierdo, para Do#3/Sol#4.

Fréderic Berr (1794-1838) aportó numerosas reformas a la enseñanza y propuso los fundamentos de la técnica futura, defendiendo el clarinete de Müller, del que hablaré más abajo, el cual quería que adoptara el Conservatorio. En 1836 aparece su método para un clarinete de 14 llaves, dedicado a uno de sus alumnos predilectos, Hyacinthe Klosé…

No confundamos a Fréderic Berr con Joseph Beer (1744-1812), originariamente trompetista de Bohemia, que cambió al clarinete cuando fue a París, en 1771, convirtiéndose en poco tiempo en un consumado virtuoso, al cual se le atribuye ser el primer germen de la escuela francesa de clarinete.

Casi en la mitad del siglo, en 1844, gracias a la colaboración entre el clarinetista Hyacinthe Klosé (1808-1880) y el construcctor Louis Auguste Buffet, nace el llamado clarinete “sistema Boehm”, por aplicar los principios que Theobald Boehm había implementado anteriormente a la flauta travesera con éxito. Este clarinete “de anillos movibles”, “sistema Boehm” o “sistema francés” evolucionó poco hasta el final del siglo y, debido a su aceptación en la situación socio-cultural-política de Francia, se extendió y estandarizó con suma facilidad.

 

IWAN MÜLLER

 

La figura de Iwan Müller (1786-1854) representa a un “revolucionario” del clarinete. Sus invenciones, plasmadas en su método de 1825, presentan un instrumento de 13 llaves con el que se puede tocar en todas las tonalidades (clarinete “omnitónico” le llamaban en Alemania). Presentó este clarinete en París en 1812, pero tardó en aceptarse. Sin embargo, al contrario de lo que suele darse por sentado, numerosos constructores franceses produjeron clarinetes con el sistema de Müller y sí llegó a ser un instrumento bastante extendido y “estándar” durante el siglo XIX.

Estas mejoras e innovaciones serían seguidas por muchos constructores posteriores, como por ejemplo Adolphe Sax (1814-1894), que registraría dos patentes en 1840 y 1842, y Eugéne Albert (1816-1890), que desarrollará el sistema Albert (que tendrá una larga andadura durante el siglo XIX, sobre todo en Inglaterra, países del este, etc.), así como al sistema alemán, que tardará todavía unas cuantas décadas a ser diseñado y concretado por Oskar Oehler, y al sistema francés o Boehm, desarrollado por Klosé/Buffet.

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Reedición de la primera publicación del método de Iwan Müller.

 

CLARINETISTAS, COMPOSITORES Y CONSTRUCTORES

 

La evolución del clarinete y de su repertorio en la primera mitad del siglo XIX no podría ser entendida sin la colaboración entre clarinetistas, compositores y constructores:

Bernhard Crusell (1775-1838), clarinetista y compositor sueco-finés, acude a los instrumentos de 11 llaves de Grenser, constructor alemán asentado en Dresden. Él mismo fue clarinetista y compositor, y entre sus numerosas composiciones para el instrumento destacan los tres conciertos para clarinete y orquesta op. 1 en Mib M, op. 5 en Fa m y op. 11 en Sib M. Se le considera el primer intérprete del concierto de Mozart después de su publicación.

 

Spohr compone sus conciertos para clarinete para Simon Hermstedt (1778-1846), quien colabora con los constructores Grenser, primero, y Streitwolf de Göttingen, después,  cuyas mejoras se adelantan en el tiempo a algunas de Müller y sirven a Hermstedt para poder abordar el repertorio extremadamente virtuosístico que Spohr le dedica.

 

Heinrich Baermann (1784-1847) utiliza desde 1809 un clarinete de 10 llaves del taller Griesling&Schlott de Berlin, siendo dedicatario, junto con su hijo Carl, de obras de Mendelssohn y Weber. Trabajó en la corte de Munich desde 1807 hasta su retiro en 1834, siendo relevado por su hijo.

Aquí abajo os dejo el vídeo de la Sonata de Mendelssohn para clarinete y piano. Se trata de una obra de juventud y no está dedicada a Baermann, pero por la belleza de esta grabación y la calidad de los intérpretes, me apetece compartirla aquí.

SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX

En Inglaterra, donde estaba más extendido el clarinete sistema Albert de 13  llaves, derivado del clarinete de Müller, se empezó a extender el sistema Boehm en los años 80 del siglo XIX, cuando Henry Lazarus escribió su método para ambos sistemas (aunque él no pasó al Boehm) y los hermanos Gómez, quienes fueran alumnos de Rose, alumno de Klosé, y tocaban con sistema Boehm, llegaron a Londres.

En Alemania, cuya coyuntura socio-cultural-política estaba todavía fragmentada (se unificaría en 1871 en torno a Prusia, tras la Guerra franco-prusiana), la evolución del clarinete siguió varios caminos. De ellos, el que más nos interesa es el que condujo hacia el actual “sistema Oehler” o “sistema alemán”. Para entender este camino es importante conocer el trabajo del clarinetista Carl Baermann (1810-1885) con los constructores Benedict Pentenrieder y Georg Ottensteiner. Con este último crearía el llamado “sistema Baermann”, siendo este muy importante por su utilización por parte de Richard Mühlfeld, dedicatario de las obras para clarinete de Brahms, y por tomar referencias de este clarinete para su sistema Oskar Oehler (1858-1936), quien definió y concretó el sistema alemán tal y como se conoce actualmente.

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Mühlfeld y Brahms

 

Obviando intencionadamente el largo e interesante recorrido del clarinete durante el siglo XX, que da de sobra para un siguiente post, puedo decir sin temor a equivocarme que en la actualidad, y fruto de un siglo XX dominado en popularidad por el sistema Boehm,  la globalización permite que la oferta y la capacidad de elección se multipliquen. Los gustos particulares, la facilidad de comunicación, de pedir y recibir información, de viajar, internet, etc. hace que cada clarinetista se decante por aquello que le es más natural.

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Espero que os haya resultado interesante este post, que no pretende en ningún momento ser exhaustivo y detallado, sino dar una visión general de la evolución del clarinete hasta llegar a las puertas del siglo XX.

Os preparo un próximo post con la bibliografía.

¡Gracias por leer!

Cecilia

 

 

 

 

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