VOLVER A EMPEZAR: DÍA DE LA MUJER EMPRENDEDORA

Hoy 19 de noviembre es el Día Internacional de la Mujer Emprendedora.

Como soy mujer y soy emprendedora, también es mi día.

No puedo evitar desear que este día se convierta en el día del emprendimiento de hombres y de mujeres, y que no se nos tenga que separar por considerar que necesitamos apoyos o contextos diversos. Al final todos y todas vamos en el mismo barco y emprender (especialmente en España) es difícil para cualquiera.

Me considero emprendedora desde hace mucho tiempo, concretamente desde 2006, cuando empecé a ofrecer los cursos de respiración a escuelas de música y conservatorios. Pero «oficialmente» lo soy desde 2018, cuando me hice autónoma y todos mis ingresos empezaron a provenir de mi propia planificación, búsqueda, aprendizaje, ensayo y error.

Una de las cosas que más vértigo me dio fue ser consciente de que ya no había una nómina. Absolutamente todo dependía de mi trabajo y de mi capacidad para mantenerlo, mejorarlo y mostrarlo.

Pero también otras cosas me dieron vértigo : empezar a poner precio a lo que hacía, el pudor de «hablar de dinero», el darme cuenta de lo poco que sabía de impuestos y de obligaciones fiscales y de lo valiente que fui de darme de alta «yo solita» en la Seguridad Social y en Hacienda.

Todo este vértigo desapareció cuando empecé a trabajar con mi súper gestora de Consultoría Blogger. Un respiro en toda regla. Y un consejo que puedo daros: en cuanto podáis poned una gestoría en vuestra vida freelance.

Me gustaría dar mi punto de vista de un tema sobre el que reflexiono hace tiempo y que ha sido avivado por la lectura de la newsletter de ayer de Marta G. Garay, a quien os aconsejo seguir si sois músicos: lo poco valorada que está la figura del freelance en la música y en particular, dentro de la música clásica.

Desde los conservatorios (sé que esto está cambiando, pero en mi generación era así) se nos daba una visión muy parcial de lo que podía hacer un músico: solista en una orquesta o (plan B) profesor en un conservatorio. Todo lo que venía detrás era como un premio de consolación. Nada más lejos de la realidad.

La educación artística, sorprendentemente, tampoco destaca por fomentar el pensamiento propio, la creatividad, la autoconfianza o la innovación.

Marta G. Garay

Os comparto una experiencia que me ha ocurrido en algunas ocasiones: imparto algún curso o doy algún concierto y alguien tiene que presentarme… y ahí viene la cuestión: ¿dónde está mi «subtítulo» «profesor en…», «solista de…», «integrante en…»?

Después de haber pasado un par de situaciones incómodas por este motivo, me di cuenta de que la resistencia principal estaba en mi: yo tampoco me sentía cómoda sin ese «subtítulo», tenía marcado a fuego que si no trabajaba «en algún sitio» no era suficiente.

Así que me tuve que sentar y hacer un ejercicio de indagación y construir mi propia identidad profesional: soy Cecilia Serra, clarinetista, pianista, profesora, directora y blogger freelance.

Sí, todo eso. Y si en alguna ocasión no hay espacio para tanto, me quedo con clarinetista y profesora freelance, que es lo que más me identifica.

Es necesario que empecemos por nosotros mismos: si yo no me considero una opción válida más, nadie lo va a hacer por mi. En función de lo segura que pueda estar de lo que hago, lo hará mi entorno. Siempre es de dentro hacia afuera y no al revés.

Esperar aprobación o reconocimiento externo te lleva sólo a eso, a esperar. Conocerte, reconocerte y aceptarte te lleva a la acción, a que pasen cosas, a desarrollarte y a crecer.

Para una persona de mi generación (plan 66) hacer esto es un cambio de mentalidad enorme. Es pasar a ofrecer antes que estar esperando a que «salga algo». Es pasar a valorarte a ti misma antes de que te evalúen. Es descubrir tus capacidades sin esperar que encajen en tal o cual escuela, conservatorio u orquesta.

Y a partir de ahí, descubres que puedes reorientar (con trabajo, perseverancia, paciencia y buena formación) tus intereses, apuntar a diversos objetivos e ir descubriendo en cada etapa tus necesidades y los deseos que te empujan a seguir adelante.

Mi estudio. Un espacio propio para trabajar.

El cambio no es fácil. Hay un trabajo personal muy grande detrás: la psicología y el coaching han sido grandes herramientas.

Pero las herramientas las maneja uno mismo.

Además, debo a gradecer a las personas que han confiado ciegamente en mi: empezando por mis padres, mi hermana, mi pareja y mis hijos.

Siguiendo por compañeros de profesión que han seguido requiriendo mis cursos de respiración para músicos y apoyándome en mis proyectos, como el de Vocaliza.

También a mis colegas con los que hago música, Clariphonia y Mirtos Dúo.

Y gracias a mis alumnos, algunos de ellos incondicionales desde el principio de mi emprendimiento y también, cómo no, a los lectores de este blog que me seguís permitiendo expresar mis pensamientos, anunciar mis avances y me acompañáis también en mi desarrollo profesional y personal.

¡Gracias por leer!

Cecilia

PD: Hoy tengo el privilegio de estar escribiendo desde este lugar:

Bellano, a orillas del lago Como, Italia

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