CONVERSACIONES CON… ANTONIO LAPAZ

¡Ya está aquí la entrevista del mes de marzo!

Tengo el gusto de presentaros a Antonio Lapaz, solista de clarinete de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid.

Antonio y yo coincidimos en nuestros “años mozos”, asistiendo a la academia de verano del “Mozarteum” de Salzburg, en la masterclass del conocidísimo y mítico clarinetista vienés Alfred Prinz. Pero cuando realmente nos conocimos con más profundidad fue en Viena, cuando yo estudiaba con Horst Hajek y Antonio con Reinhard Wieser, solista de la Orquesta Sinfónica de Viena.

Quién hubiera dicho que de ahí pasaríamos a vivir en el mismo entorno, en Madrid, cada uno por diferentes motivos… y también por el mismo, por el clarinete.

Desde mi punto de vista, Antonio es un músico independiente, con metas claras, muy trabajador y tenaz (como podréis comprobar en esta conversación) y que disfruta mucho de todo lo que hace. Y por cierto, ¡además toca muy bien el clarinete!

 

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Nombre completo: Antonio Lapaz Lombardo
Lugar de nacimiento: Madrid
Fecha de nacimiento: 21-2-1976

 

¿Puedes hablarnos de tus inicios en la música y en especial con el clarinete?

 

Bueno, aunque nací en Madrid, desde pequeño residí y me crié en Requena, Valencia. Mis padres a los 7 años me apuntaron a la Banda, la “Santa Cecilia” de Requena, donde comencé mis estudios de clarinete y solfeo con Daniel Martínez Marín. Al principio no acudía muy convencido, ni a solfeo, ni a clarinete. No se puede decir que tuviera una gran vocación, la verdad. Se me daba bien, pero no destacaba especialmente. El solfeo era una asgniatura muy, digamos, “árida”, y el clarinete pues… era una instrumento bastante complejo, al menos para mí. No me motivaba nada estudiarlo. Afortunadamente, mis padres insistían todos los días en que tocara un poco. Media hora todos los días…acaban sumando muchas horas.

¿Qué persona/s fue/ron decisivas para ti en esta primera etapa?

Daniel Martínez Marín, Don Daniel para todos, era el Director de la Banda Sinfónica, la Banda Juvenil, el profesor de solfeo, el profesor de clarinete… el alma de la Sociedad Musical en definitiva. Fue quien me puso el clarinete en la boca y con quien aprendí todo lo básico que se debe aprender, incluido el saber tocar en atril dentro de una agrupación. Todos sabemos que no es una cosa tan banal como suena el conseguir eso. Luego, dentro de mi Banda, había (y hay) grandes músicos un poco más mayores que me influyeron bastante. Destaco a Pedro Salinas, cuyos consejos y clases fueron decisivos para mí, aún hoy. Actualmente somos grandes amigos. Por supuesto, la perseverancia de mis padres fue clave.

¿Cómo, cuándo, de qué manera te diste cuenta que serías músico? ¿Fue algo premeditado o más bien te dejaste llevar?

Pues lo mío, como he comentado antes, fue una vocación tardía. Digamos que con el tiempo me fui dando cuenta de que se me daba bien tocar el clarinete. Por otra parte, en mi entorno no estaba tan claro que tocar el clarinete fuera una forma solvente de ganarme la vida. Era buen estudiante -más o menos- por lo que tenía posibilidades más allá de la música. Me gustaba la Historia, las Ciencias Naturales, los idiomas, por lo que no estaba cerrado a dedicarme a cualquier cosa. Fue por un proceso de decantación natural la manera en la que me di cuenta de que lo único que de verdad me llenaba era la Música. No había mayor satisfacción que dar un buen concierto, esa sensación tan difícil de explicar… ; lo que no estaba tan claro es que eso fuera suficiente para poder alimentarme en el futuro.

¿Quién ha marcado (para bien) tu etapa formativa?

Pues, además de a los citados Daniel Martínez y Pedro Salinas, destacaría a Álvaro Albiach (actual director titular de la Orquesta de Extremadura, que fue Director de la Banda de Requena varios años durante mi juventud) quien, sospecho que sin saberlo, influyó en muchos músicos que en aquella época estábamos dudando sobre qué hacer con nuestras vidas. Su pasión, su manera de afrontar la Música, los conciertos, su sensibilidad, nos abrieron los ojos. Él nos enseñó que la Música era muchísimo más de lo que hay escrito en una partitura.

También quiero destacar a Wenzel Fuchs. Hace unos años, ya estando en la Banda Sinfónica Municipal de Madrid, realicé estudios de Postgrado en Zaragoza con varios profesores, siendo él el más destacado. Es un músico increible, un clarinetista excepcional -claro que no estoy descubriendo nada: está de solista en la Filarmónica de Berlín tantos años por algo- pero de lo que más aprendimos todos los que estuvimos estudiando con él fue de su forma de ser. Es una persona tremendamente humilde, traslada toda su flexibilidad y elegancia de ser a su forma de tocar. Todo lo consigue hacer fácil y todo adquiere sentido cuando él lo toca. Siempre he pensado que hay dos tipos de profesores, los que hacen que toques mucho mejor al acabar la clase y los que hacen que salgas hecho un lío al salir de ella y sin saber cómo tocar, típico cuando un profesor da demasiadas instrucciones a la vez. Wenzel Fuchs conseguía, dando precisas instrucciones, que salieras de la clase tocando muchísismo mejor.

Has estudiado fuera de España. ¿Qué destacarías de esta experiencia, tanto para tu formación musical/clarinetística como para tu formación personal?

Pues sí, he tenido la suerte de poder estudiar fuera un tiempo. Primero un par de veranos maravillosos en Salzburg con el mítico Alfred Prinz, el que fuera el gran solista de la Filarmónica de Viena. Estaba recién retirado de la Orquesta y de sus clases en la Universidad de Viena, pero tenía intacta toda su clase y toda su elegancia. Nunca he conocido a nadie tan elegante tocando un clarinete. Tenía un fraseo y un sonido simplemente únicos, inimitables. La pianista era su mujer, Maria Prinz, que es una pianista de primerísimo nivel. La verdad es que era bastante impresionante tocar un Gran Dúo Concertante o un Brahms con ella.

Por cierto, conocí en el primer curso a una joven clarinetista de Tarragona, que hablaba pese a su juventud un alemán muy convincente, y tocaba el clarinete de maravilla. Enseguida llegamos a ser grandes amigos, ¿la conoces quizá?

Esos dos años con Prinz, sobre todo el primero, fueron una cura de humildad bastante importante. ¡¡Había gente que tocaba el clarinete una barbaridad!! Aprendí un montón. Dediqué el invierno entre uno y otro a ponerme a la altura, ví en otros músicos cómo quería tocar yo, y también cómo no quería tocar yo. Supongo que es la gran utilidad de los cursos. A nivel musical, pues, fue un antes y un después, y a nivel personal, salir fuera, aunque estos dos cursos fueran estancias cortas, te hacen dar cuenta, sobre todo, de lo importante que es saber idiomas y también te aporta soltura y amplitud de miras. No hace falta salir de España para conseguir eso, pero sí que es una experiencia que merece la pena vivir.

Al poco me fui un año a estudiar a Viena. En el año 2000 para ser precisos. Estudié con Reinhard Wieser, solista de la Orquesta Sinfónica de Viena. Esa sí fue una experiencia fundamental en mi vida. Me empapé de todas las clases, todos los ensayos, conciertos y óperas que pude. Intenté aprender de todo y de todos. Conocí a los estudiantes españoles que estábais por allí… hice buenas amistades que aún conservo, y sobre todo, aprendí mucha Música. El dinero no faltaba, pero tampoco sobraba, así que ganaba algunos chelines trabajando de acomodador en el Musikverein o repartiendo propaganda a la entrada de la Volksoper. Conforme acababa, me iba a mi casa y me ponía con aún más ganas a estudiar.

¿Cómo fue tu “profesionalización”? ¿Tenías pensado qué camino seguir (conciertos, orquesta, enseñanza…) o fuiste optando a lo que se iba presentando?

Pues es una buena pregunta. Fue un proceso gradual pero imparable. Al año que pasé en Viena le iba a seguir otro estudiando en Graz, también en Austria, con Bela Kovacks. Pero me llamó Pascual Osa para grabar una serie de “Conciertazos” para TVE con su Orquesta Filarmonía, en Madrid. Me dije: “Muy bien, grabo en Enero, gano un dinero que me va a venir muy bien, en Febrero me voy a Graz y a seguir estudiando”. Pero la vida es muy curiosa a veces. La grabación de los programas, dos por semana, iba avanzando, yo me fui afianzando en la Orquesta, y me gustó el hecho de vivir en Madrid, notar el espíritu de la ciudad, sentir toda la animación musical que había… La Orquesta tenía trabajo discontinuo durante la temporada, pero algo era, y bueno, conocí a Enrique Pérez, otro gran referente para mí, y tomé una decisión. Me quedaría en Madrid, seguiría formándome con él y empezaría a buscarme la vida por mi cuenta. El peligro de irse muchos años fuera de España a formarse -y querer volver, claro- era perder la red de contactos (bueno, por lo menos antes de la aparición de las redes sociales), por mucho que uno valga todos sabemos lo importante que es en este país conocer y, sobre todo, que te conozcan. Yo no quería volver siendo un perfecto desconocido, ¡bastante poco conocido era ya! Ojo, yo creo en la meritocracia. Creo que quien más vale y quien más se lo merezca, más arriba debe estar, por encima de amistades y por encima de enchufismos varios. Pero claro, una cosa es que yo piense que eso deba ser así, y otra bien diferente es que las cosas funcionen así… seguro que todos saben de lo que hablo.

Bueno que me disperso. En Madrid vi una oportunidad de crecer y de empezar a trabajar en lo que me gusta. Empezaron unos años de mucha actividad, muy mal pagada claro, a la vez que seguía estudiando e intentando mejorar. Así pasé, poco a poco, a valerme por mí mismo. Tendría 24 años cuando llegué a Madrid.

Eres solista de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid: ¿cómo llegaste a ella? ¿Qué tipo de preparación hiciste para las pruebas? ¿Qué te ha aportado tanto la preparación como el trabajo en la banda?

Bueno, pues durante esos primeros años en Madrid seguí estudiando mucho a la vez que trabajando. Entré en la Orquesta Sinfónica de Gijón, llamada por aquel tiempo “Millenium”. Compaginé mi trabajo allí con lo que tenía en Madrid y una escuela de música en Valencia. Vamos, ¡kilómetros a mi Citröen AX por un tubo!

Continué haciendo audiciones para Orquestas, estando cada vez más cerca de conseguir una codiciada plaza. Es difícil hacerlo, ¡vaya si lo es! Pero hay que perseverar si uno cree que lleva la razón…

Al final aprobé como interino en la Banda Municipal de Madrid. Estoy muy orgulloso de pertenecer a tan prestigiosa institución, la verdad. Con los años conseguí , prueba interna mediante, ser Clarinete Solista; y posteriormente, ser funcionario de carrera. Ser el Clarinete Solista es, ante todo, una enorme responsabilidad ante la que tanto mi compañero Juan Carlos Felipe como yo intentamos estar a la altura. Solo hay que pensar en algunos ilustres que estuvieron sentados allí antes que nosotros, Menéndez, Yuste, Talens… nombres que da respeto sólo nombrarlos.

¿Qué te ha aportado el trabajo con la Banda Sinfónica Municipal de Madrid?

 

Realmente yo tenía mucha experiencia en banda como clarinete principal antes de llegar a la Banda Sinfónica Municipal de Madrid. Tanto en mi Banda, la de Requena, como en varias
valencianas de primera fila, ya tenía camino hecho. De hecho, yo creo que es más comprometido tocar en la Banda de tu pueblo que en cualquier otro sitio, ¿verdad? Pero aún así, me ha aportado muchísima experiencia y muchísima sangre fría el hecho de tocar asíduamente en el Auditorio Nacional y el Teatro Monumental con la exigencia -también autoimpuesta, claro- de dejar el pabellón bien alto. Y claro, estamos hablando de una agrupación profesional.

A la hora del trabajo diario, he aprendido a sintetizar mucho: hay pocos ensayos y poco tiempo para trabajar obras muy difíciles. Así que he aprendido a ir al grano y dejarme de retóricas a menudo inútiles. En la música y en la vida. Hay directores -y profesores de instrumento… y de todo- a los que les encanta escucharse, hablar muuuucho rato y sentir que lo que están diciendo es realmente importante. De lo que no se dan cuenta es de que, quizá, lo que el ensayo necesita en ese momento es un gesto más eficaz de su mano y menos palabras vacías. O, en el caso de un profesor de instrumento, menos cháchara y más soluciones. Y así con todo en la vida, ¿no?

Sé que también haces mucha música de cámara ¿qué significa para ti y cómo combinas estos conciertos con tu trabajo?

 

Hago toda la música de cámara que puedo, sí. ¡Es fundamental! A mi me aporta muchísimo, es como la base en la que uno realmente crea su sonido, en la que uno aprende a escuchar, a tocar en conjunto, a transmitir, mil cosas que realmente son el núcleo de todo lo que venga después. ¿Qué es tocar en Orquesta para un clarinetista sino tocar en un doble quinteto de viento acompañado de un quinteto de cuerdas muy grande, y de un grupo de metales y de percusión gigantes? O,  ¿qué hay más difícil que tocar una Sonata de Brahms con piano? Bueno, a mí me parece que es difícil.

En los últimos años me estoy especializando en música contemporánea. Siempre que mi trabajo con la Banda me lo permite, colaboro con el Plural Ensemble, que tiene un ciclo de conciertos en el Auditorio Nacional y realiza frecuentes conciertos por toda España, y giras por todo el mundo. En los últimos años hemos viajado a Corea y a China, por ejemplo. El repertorio de este grupo es realmente enriquecedor. Tocamos desde transcripciones para 20-25 músicos de grandes sinfonías como las de Mahler, a estrenos de jóvenes compositores, pasando por todos los “clásicos” de la música contemporánea: Lachennman, Donatoni, Carter, Boulez… es un reto continuo, aparte de que me permite tocar con grandes músicos, con lo que ello supone de enriquecedor.

Formo parte del Trío Syrah, junto con mi hermano Enrique Lapaz al piano y Mayte García Atienza al violoncello. Grandes músicos de sobra conocidos. Tenemos un disco, “DE 3 en TRES”, con “Las Estaciones Porteñas” de Piazolla, 4 piezas de Bruch y el Trío de Brahms. Es una maravilla poder tocar con ellos porque, lo primero, son unos musicazos, y porque tocar con piano y con cuerda es siempre una bocanada de aire fresco para un clarinetista.

Y por último, ¿cómo ves desde Madrid el panorama musical y clarinetístico en España?

Pues… el panorama musical… en España la música nunca ha sido una de las artes más mimadas ni apreciadas quizá. Nos gusta mucho la música pero… todos los que nos dedicamos a ella hemos oído en alguna ocasión eso de… “Bueno, estudias música y…qué más? de alguna forma tendrás que ganarte la vida!” Después de unos años espantosos en las que muchas Orquestas vieron peligrar su existencia, parece que la situación vuelve a ser un poco más normal. Ojalá algún día nos normalicemos con Europa y la Música sea parte fundamental de la Educación Primaria y Secundaria y esa cultura musical nos permita crecer en todo lo demás.

A nivel clarinetístico, creo que España está llena de grandísimos profesionales. Herrera, Enrique Pérez, Estellés, Alberola, Espejo, Balaguer, Beatriz López… la lista de apellidos es larga, hay mucha gente que toca de maravilla el clarinete y que ejerce el magisterio de manera ejemplar. Y eso hablando de la gente que vive/trabaja en España. Hay grandes profesionales trabajando fuera, por elección o por obligación. Desgraciadamente no hay sitio para todos, está visto. Esperemos que la cosa mejore. Los buenos, cuanto más cerca, mejor.

 

Bueno Cecilia, un placer hablar contigo, como siempre, mucho éxito con tu Blog y con todo lo que te propongas. Un saludo a todos y, ¡¡¡hasta la próxima!!!

 

Pues eso, ¡hasta la entrevista del mes de abril!

 

Gracias por leer,

 

Cecilia

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