ACTIVIDADES PARALELAS A LA FORMACIÓN INSTRUMENTAL QUE ME HAN AYUDADO

Adentrarse en el estudio de un instrumento y de la música es algo que ocupa una parte muy grande de la vida de una persona.

Por un lado está la parte puramente instrumental: cómo se sostiene el instrumento o cómo debe uno colocarse ante él, cómo funciona, cómo se maneja… Es una parte técnica y que requiere de tiempo, dada la fineza de movimientos de dedos, manos, brazos, pies…

Por otro lado está la parte sonora, obvia e íntimamente ligada con la técnica instrumental, pero donde entra en juego el oído y la memoria, que deben “entrenarse” de una manera tan fina y exacta como si de un músculo se tratara.

Por último, podemos hablar de dos facetas puramente musicales que el estudio de un instrumento trae también consigo: la parte de conocimientos (repertorio, compositores, estilos, contexto histórico de la música que interpretamos) y la parte espiritual (conectar con la expresión pura de la música y ser capaces de ofrecerlo al público para el que tocamos).

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Así pues, tenemos una parte física “palpable” (nuestro cuerpo y nuestro instrumento) y una parte “inefable” (el sonido y la expresividad).

Una parte no es ni más ni menos importante que la otra: colaboran, juegan, se retroalimentan y se necesitan mutuamente.

Es por ello que muchas técnicas llamadas “cuerpo-mente” entran en juego en la vida de un músico-instrumentista. Y no sólo ellas, también los deportes, practicados en la medida en que cada uno puede, aportan grandes beneficios físicos y psicológicos.

No es mi intención hablar de todas las técnicas o deportes aquí, sino de lo que yo he practicado (y sigo practicando) y que aportan todavía grandes beneficios a mi vida, tanto cotidiana como musical.

 

Técnica Alexander

La Técnica Alexander es un método eminentemente práctico desarrollado por F. M. Alexander que consiste, a grandes rasgos, en aprender a usar el cuerpo con menos rigidez. Se aplica a las múltiples facetas de la vida diaria, así como al deporte, la práctica instrumental y las artes escénicas en general. Se aprende a reducir la tensión excesiva, mejorando de este modo la coordinación, el equilibrio y la respiración.

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Llegué a la Técnica Alexander de la mano de mi amiga Saskia Roures, que ya iba a clase por aquel entonces. Mis primeras dos clases fueron con el profesor Manuel Cuadrado en Salamanca. Recuerdo vivamente la primera clase: salí literalmente llorando de emoción. Me encontraba en una situación de bloqueo importante con el clarinete y aunque llevaba tiempo buscando, casi me había dado por vencida. En esa primera clase descubrí que sí era capaz de ir más allá de mis bloqueos y que el principal bloqueo era yo misma.

Ya en Madrid contacté con Marta Barón y empecé a dar clases con algo más de asiduidad. La puerta que me había abierto Manuel empecé a transitarla con más seguridad y menos miedo, y aunque no he tomado clases con la frecuencia con la que me hubiera gustado, es algo a lo que vuelvo siempre que puedo y lo integro a mi vida diaria con el hábito de parar, tumbarme y observar sin juzgar, dejando que la gravedad haga “su trabajo”.

Para mi, la Técnica Alexander representa la base para cualquier tipo de trabajo con el cuerpo, por su sencillez y su enfoque práctico.

 

Pilates

El Método Pilates es una actividad que se centra principalmente en el abdomen y la realineación del cuerpo y pretende lograr el bienestar físico corrigiendo desequilibrios del cuerpo. También alivia tensiones del cuello y de la espalda.

Su creador fue Joseph Pilates. Se basó en sus conocimientos de gimnasia y traumatología aunando la fuerza de los músculos con el control de la mente, haciendo hincapié en la respiración, la concentración, ayudando así a crear una buena conciencia corporal y una buena coordinación.

Llegué al Método Pilates buscando alivio para el dolor lumbar que me había producido el primer embarazo. El dolor lumbar desapareció casi por completo y, sin buscarlo expresamente, mejoró mi conciencia respiratoria y mi control sobre la espiración, ¡cosa que agradecí enormemente para el clarinete!

Lo incorporé “a mi manera” a la vida diaria, sobre todo a los ejercicios de respiración, enfocándome en la movilidad que la caja torácica necesita para una espiración eficaz y, cómo no, para concienciar, situar y tonificar el cinturón abdominal, centro de gravedad del cuerpo y base del “apoyo” respiratorio.

 

Yoga

¿Qué es el Yoga? Explicar qué es el Yoga desde mis conocimientos no abarcaría ni una ínfima parte de lo que es.

Para mi el Yoga es una posibilidad: como al Técnica Alexander, por una parte invita a pararse y a observarse sin la necesidad de juzgar. Reconocerse y aceptarse en la propia respiración, que es expresión de nuestra esencia.

Por otro lado, las asanas o posturas de yoga invitan a observarse, aceptarse, conocerse, retarse… y sus beneficios son tanto físicos como mentales.

Llegué al Yoga allá por el año 1998, buscando caminos para cruzar mis bloqueos físicos con el instrumento (que no son más que bloqueos mentales enquistados en el cuerpo). Encontré un pequeño libro que explicaba con mucha sencillez unos primeros pasos, o sea que puede decirse que intenté entrar al Yoga de una manera autodidacta.

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Este es el librito con el que empecé. Begoña Odriozola: “Yoga para empezar el día”. Manuales Integral.

 

Aunque conseguí modestos resultados, que fueron verdaderos logros para mi, continué interesándome asistiendo a unas (por desgracia) pocas clases con Pedro Garbajosa, profesor de clarinete en el Real Conservatorio Superior de Madrid y Maestro de Yoga. Fueron muy poquitas, puesto que estaba embarazada de mi hijo mayor y no pude alargarlo más.

Por suerte para mi, seguí con el gusanillo de adentrarme más en este tema y empecé a tomar clases con Ángela García hará unos 3 años y medio… ¡una magnífica profesora de la que sigo aprendiendo y gracias a quien he podido hacer del Yoga parte de mi vida cotidiana!

¿Cómo lo incorporo a mi vida diaria? Parando, reconociendo cuándo mi cuerpo me pide ser estirado, masajeado o calmado.

También mi respiración (capacidad y conciencia) se ha beneficiado en gran manera con la práctica del Yoga.

 

Natación

La natación es un deporte muy completo y adecuado para las personas que, como yo, tendemos a tener un peso elevado. El hecho de flotar hace que puedas mover tu cuerpo con libertad y sin sobrecargar las articulaciones.

Aun habiendo nacido y crecido al lado del mar, nadar no era uno de mis fuertes. Se podía decir que flotaba y poco más. Sólo me faltaba el gorro de flores.

Así que cuando nació mi hijo mayor y empezó a aprender a nadar, ya en la guardería, decidí que era el momento de aprender para no estropearle los veranos de piscina. Por suerte, en Rivas, donde vivo, acababa de abrir una escuela de natación, donde empecé de 0 y donde, después de 9 años, sigo yendo todas las semanas.

Nadar ya forma parte de mi rutina semanal.

Nadar me ha aportado multitud de beneficios: mejora de la calidad del sueño, de mi forma física y resistencia en general, y en cuanto a la respiración, me he dado cuenta y puedo constatar constantemente la importancia de la parte psicológica que ella implica: la necesidad de estar relajado, de no agobiarse, de encontrar ritmos que se adapten a las propias capacidades… ¡que son mayores de lo que creemos!

 

Mindfulness

Mindfulness es atención plena. Es mucho más que “concentrarse”. Es enfocar la atención, y eso se puede entrenar.

Llegué al Mindfulness a consecuencia del Yoga. Indagando y buscando una actividad que me permitiera dedicar tiempo a desconectar, a recargarme y a reconectar conmigo misma.

Me aporta calma y serenidad. Cuando estoy muy acelerada, sé que parando y centrando mi atención en la respiración, todo fluirá de otra manera mucho más sosegada y productiva ¡y consciente!

Lo incorporo, pues, a mi vida diaria, invitando a mis hijos a escuchar, por ejemplo, unas bonitas palabras de Eline Snel, que nos permiten compartir estos momentos de introspección.

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Hay muchísimas otras actividades y técnicas que me interesaría descubrir y practicar.

Tengo muchísima curiosidad y ganas por el Tai-Chi y por el Método Feldenkrais.

¿Qué otras disciplinas practicáis y cuál es vuestra experiencia?

Creo que es un tema muy enriquecedor si se comparte, y que la experiencia de cada uno puede ayudar a otros a abrir nuevos caminos de desarrollo.

Parte de mi experiencia con estas actividades, sumado a otros estudios y contenidos que he ido organizando a lo largo de los años, lo comparto en mis clases de clarinete y en el curso de respiración para músicos que sigo impartiendo en escuelas de música y conservatorios.

¡Gracias por leer!

Cecilia

2 Replies to “ACTIVIDADES PARALELAS A LA FORMACIÓN INSTRUMENTAL QUE ME HAN AYUDADO”

  1. Creo que todas las actividades que realizas aon complementarias al estudio de un instrumento. Sin lugar a dudas forman parte de una educacion integral pues todas alimentan a la persona en varias
    dimensiones,la personal,interpersonal,social y profesional y todo gracias a un instrumento que amas y que te marca retos.
    sin lugar a dudas a mucho alumnado y profesionales nos vendra bien tener en cuenta la importancia de un aprendizaje adicional que nos ayude a darle sentido a lo que hacemos.
    Enhorabuena y gracias por compartir.

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