¿RECONOCES TU ZONA DE CONFORT?

Hoy en clase con una alumna de clarinete hemos hablado sobre la zona de confort.

Está muy de moda hablar de la zona de confort. Se supone que es el espacio que hemos creado en el que nos sentimos seguros y a gusto, y lo podemos aplicar a varias áreas de nuestra vida: a nuestro trabajo, a nuestra manera de ser, a nuestros objetivos, al deporte… y también, cómo no, al aprendizaje instrumental.

También está muy manida la expresión «salir de la zona de confort», como premisa para crecer, desarrollarnos, aprender e ir más allá de donde estamos ahora.

Esta expresión ya se ha visto matizada con expresiones del tipo «no quiero salir de mi zona de confort, con lo que me ha costado construirla…» y a mi me gustaría darle otra vuelta al asunto.

Yo no sé de psicología ni de desarrollo personal (por lo menos no a niveles profesionales, digamos que tengo conocimientos «modo usuario»), pero lo que sí tengo claro es que no puedes salir de un lugar en el que no estás.

¿Cómo vamos a salir de nuestra zona de confort si no la reconocemos?

El primer paso para atreverse a ir más allá, a evolucionar, a crecer, a confiar en que podemos hacer cosas nuevas… es saber dónde nos encontramos, explorar qué hay a nuestro alrededor, valorar lo que tenemos y aceptarlo.

Sobre esa aceptación, más allá de lo «bien o lo mal» que nos parezca, podemos construir. Ser realista, no engañarnos.

En el campo del aprendizaje instrumental, se me ocurren dos facetas en las que aceptar nuestra zona de confort o, dicho de otro modo, aceptar lo que podemos hacer, es una condición previa para avanzar.

Y en concreto en dos elementos, digamos, técnicos (¿hay elementos puramente técnicos? esto os lo contaré quizá en otro post): la capacidad para tocar pasajes largos y el picado (ya sea en velocidad o en precisión).

¿Cuántas veces un profesor nos recomienda un libro de estudios de staccato para mejorar el picado o tocar notas largas o movimientos lentos para adquirir mayor control sobre el aire? ¿Y cuántas veces funciona? ¿Es eso malo o bueno?

Pues como siempre, tenemos dos lecturas.

Si tu situación con el picado es «mejorar», adelante: toca estudios de picado. Si tu situación es que no sabes picar, ni se te ocurra hacer estudios de picado.

Si quieres mejorar tu capacidad de gestión del aire, adelante: haz notas largas y toca movimientos lentos; si no eres capaz de «aguantar», para, ni se te ocurra hacer notas largas indiscriminadamente.

En ambos casos, querer arreglar algo que no sale, haciéndolo, es un camino que no funciona y, en el peor de los casos, va a agrandar el problema.

CASO 1

Vamos a imaginarnos una persona que no articula bien, no se entiende si liga o pica, o cuando pica, no podríamos asegurarlo. Normalmente, ello va acompañado por problemas en imprimir velocidad al picado, tanto sobre una nota como sobre distintas notas. También presentará irregularidades rítmicas, como dificultad en mantener el pulso, expresar correctamente ciertas medidas y/o mantener el carácter de la pieza que va a tocar.

¿Qué camino seguiría yo?

  • Reevaluar la emisión, con y sin lengua: de nuevo, coordinación soplo/embocadura
  • Seguir con los ejercicios de Reiner Wehle en «Clarinet Fundamentals» en el primer volumen.

Y cabe preguntarse… ¿y qué hacemos con el resto de materia, estudios, obras? Mi respuesta: ligar todo lo posible hasta que se haya recuperado una buena sensación y se obtenga un buen resultado en los ejercicios antes mencionados. Periódicamente vamos evaluando el volver a picar ciertos pasajes, los que presenten similitudes con los ejercicios practicados anteriormente y luego el resto.

Todo esto que he expuesto, estaría «envuelto» en una nueva manera de escuchar, una manera que se ajuste y «reajuste» lo que hago con lo que oigo. Lo que imagino en mi cabeza con lo que escucho.

CASO 2

Nos imaginamos a alguien que no puede «aguantar» ciertas notas largas o ciertos pasajes considerados largos.

El caso de la respiración tiene, para mi, un componente psicológico importante, quizá más de lo que pueda tener el picado. Así ha sido mi experiencia en mi caso.

Cuando la respiración no nos alcanza en cualquier situación de la vida, nos agobiamos, nos ponemos nerviosos, tensos, nos endurecemos. Y el clarinete también es una situación de la vida, no es una excepción.

La rigidez es enemiga de la respiración. La respiración está directamente relacionada con el movimiento, el ritmo, la flexibilidad, la fluidez, el cambio… y la funcionalidad del aparato respiratorio. Y no olvidemos nunca que la finalidad real de la respiración es mantenernos vivos, ¡no es ninguna tontería! Y muchas veces, con el instrumento, nos olvidamos.

A menudo (por no decir siempre) incido en este aspecto en mis clases de clarinete y en mis cursos de respiración: no descuidar nuestra respiración natural. Y para no descuidarla, debemos conocerla, aceptarla y darle espacio.

Para ello, es importante practicar, siempre que lo necesitemos, ejercicios de concienciación de la respiración, para encontrar nuestra «zona de confort respiratorio» . Estos ejercicios los puedes encontrar en multitud de sitios, aunque yo te recomiendo el curso de «Cinética respiratoria» de «Anatomía para el movimiento«.

También es ideal para ello el Mindfulness, el Yoga, Pilates, Técnica Alexander… cada disciplina te da una visión desde un prisma complementario, y cuanto más puedas conocer y darte cuenta de qué es mejor para ti, mejor.

Ya con el instrumento, seguiría en este orden:

  • Ejercicio «respirar en el clarinete» (lo puedes encontrar en mi libro «Vocaliza«)
  • Ejercicio «notas relativamente largas» (pregúntame si tienes curiosidad)
  • Ejercicios de «Clarinet fundamentals», del primer volumen, de Reiner Wehle
  • Ejercicios escogidos de «Time for tone» de Eva Wasserman-Magolis.

Conviene trabajar este tipo de pasajes y/o ejercicios de la manera más musical posible. Una línea melódica (por ejemplo, como en los ejercicios de «Time for Tone») se adapta mil veces mejor a un soplo si éste tiene una finalidad discursiva, es decir, si tiene algún sentido: decide antes de tocar qué quieres hacer con ese pasaje o con ese intervalo: crescendo, diminuendo, messa di voce, acentos, cuál es la nota de llegada, dónde vas a cerrar la frase…

Si encuentras ese pasaje en medio de una obra, ¡no tienes excusa!, ya que la finalidad musical, la forma del fraseo, está en la partitura: ¡investiga!

Aguantar por aguantar no tiene ningún sentido, y de ese modo reacciona nuestra mente y nuestro cuerpo: rechazo, por tanto, endurecimiento.

De la misma manera que con el picado, o incluso mucho más, es interesante conocer nuestra respiración y sus reacciones fuera del instrumento. Esto lo haremos en el Curso Online de Respiración para músicos, que tendrá lugar a finales de junio de este año.

Mi opinión en cuanto a los ejercicios de respiración o de notas filadas, es que hay que adaptarlos a la zona de confort por muy largo tiempo, ya que la respiración mejora «por ampliación» y no «por imposición». Por ello, las clases individualizadas y presenciales son imprescindibles para poder adaptar los procesos a cada persona particular. Las recetas generales «para todos» no siempre funcionan.

Y aquí mi opinión sobre salir de la zona de confort, que aplico a mi vida y a mis alumnos: conócete, siéntete todo lo seguro que puedas y ve más allá, haciendo que tu zona de confort crezca y se haga cada vez más amplia. No salgas, si no quieres, pero no pares de crecer.

¡Gracias por leer!

Cecilia

Aquí, ¡ampliando mi zona de confort!

2 respuestas a «¿RECONOCES TU ZONA DE CONFORT?»

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